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Ficcionarium, es esa mezcla de lo que se desea y lo que se trabaja. Es una delgada
línea que se cruza constantemente de un mundo para construir otro. ¿Será realidad
lo que soñamos? o ¿ficción lo que vivimos?
Jhon Steven Marín Correa
Estudiante Técnica Profesional en Producción de Objetos para las Prácticas Visuales
Después de pasar una hora o dos sentada en una silla, espectando, espactuando,
cineando, la pregunta que me asalta es ¿cómo retorno al mundo real, al que sé que
existe allá afuera, al que creo pertenecer? Allí donde las leyes físicas son otras, se
habla de distinta manera y se abraza todo como común. Y al terminar la última
página de un buen libro, y cerrarlo, ¿acaso nos damos cuenta de que un agujero
espacio temporal deja de estar presente?
La palabra Mundo representa un problema para mi. Tierra es el planeta tierra. Universo
es esa porción espacial en constante expansión. Pero Mundo, ¿a qué se refiere?
Puede ser que Mundo sea un acontecimiento presente en un espacio tiempo. Los seres
humanos tenemos el arte de la desaparición mental: fugarnos a un mundo imaginado
que funciona a nuestro amaño; algunos tienen, además, el descaro de arrastrar a
otros a estas creaciones mutantes (¡y llamarlas arte!).
La ficción que creamos, y la que creemos, se convierte en nuestro presente. La
abrazamos y la pactamos; la aceptamos en totalidad. Nos adentramos en un no-
lugar, un espacio que no es geográfico, pero sí vivido. Entonces, la mente no es un
solo territorio, sino un territorio de territorios, un universo en expansión de planetas.
¿Y el cuerpo? ¡También! Porque como diria Spinoza “Nadie sabe de qué modo, ni con
qué medios el alma mueve al cuerpo”*, y cuántos cuerpos caben en uno, en cuántos
se puede devenir.
Así, somos creadores de ficción/realidad constante, de interzonas salvajes. El mundo
real que quieren hacernos creer es un consenso de mundos que tienen en común
muchas cosas, y otras no. Por eso, aunque físicamente habitamos el mismo planeta,
puede ser que no estemos habitando la misma realidad.
Hoy entiendo que nos hemos tomado los mapas muy a pecho. ¿Sale en el mapa
el castillo que los niños construyen con sus cuerpos en el patio de la casa? No, y
sintiéndome engañada, renuncio a los mapas estipulados y me aventuro a hacer los
míos.
Isabel Murillo Lopera
Estudiante Técnica Profesional en Producción de Objetos para las Prácticas Visuales
Ficcionarium: territorios de ficción y realidad

