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El arte de doler, el arte de afectar, el todo por el nada y el nada por el todo. Todo
         conseguido por amor, o por desamor, o por dolor, o indiferencia, o infinitos
         antónimos  del  amor.  ¡Qué  gran cualidad  la  del  amor!  ¿O  es  más  bien  un
         defecto? Es el arte el que nos prenda de un momento, a una vibra, a unos labios
         o a un sentimiento. Porque eso somos y eso nos hace sentir. Significamos,
         interpretamos,  nos  enfermamos.  Somos  seres  dolientes  destinados a  ir  en
         bucle, cada vez con más aprendizaje y menos tapujos, pero una y otra vez en
         círculos.


         Somos  individuos  que  configuran  la  línea  de  su  realidad  a  conveniencia,
         cosa que directamente afecta nuestro proceso creativo y nos llena y explota                           19
         de emoción. Porque yo quiero ser creativo sin doler, pero quiero doler para
         poder estallar en creatividad. Porque vale la pena prendarme de mi arte sin
         prendarme de mi  obra. Porque una vez la obra está hecha es regalada al
         universo.


         Tengo concepciones efímeras sobre las propuestas que me realizan; hoy soy
         social, hoy soy morbo, hoy soy apego, hoy soy afición. Mañana, no sé qué
         seré, si me mudaré de mi visión actual, si seré un camaleón que muda su piel
         y la abandona, para poder brillar en un nuevo color dejando atrás los apegos
         pasados, dando puerta a nuevos apegos.




                                                                              Alejandro Díaz Agudelo
                                               Estudiante del Programa Técnica Profesional en
                                             Producción de Objetos para las Prácticas Visuales
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