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Palabras profundas que leídas a la ligera me muestran una dirección para
hacer algo de arte. Pero entrando en ellas encuentro una posibilidad de
expresión de los demonios y el dolor que han quedado de nuestros procesos
de vida.
Meterme dentro y encontrar las jaulas o las puertas cerradas; meterme
dentro y encontrar los nudos que no dejan entender, o que más bien creen
ser entendidos para guardarme de confrontaciones duras e impertinentes.
O tal vez nada, simplemente nada. Tener que encontrar motivos para hacer
arte, buscar dolores inexistentes, vínculos dañinos conmigo misma y con
las personas que me rodean, expresiones aprendidas desde mi infancia,
manipulaciones ocultas inentendibles para quienes no hacen lecturas
profundas; definitivamente caos, incredulidad, inseguridad y miedo.
Lograr trascender lo bello de las obras y encontrarnos con algunos de nuestros
más profundos temores. Prendamientos y afecciones nada positivos, vínculos
dañados y sin sentido, vínculos extraños y prohibidos, vínculos que te cambian 45
el mundo y lo ponen de cabeza. Tal vez algo como adicciones, relaciones
tóxicas, dependencias emocionales. Relaciones tortuosas, relaciones de
falta, relaciones inexistentes con personas, objetos o el mundo mismo; vidas
simplemente complicadas y conflictivas.
Afecciones entendidas como algo que nos afecta. Enfermedades mentales que
distorsionan la normalidad del ser humano. Expresiones íntimas de malestar
que desde el proceso creativo puedo explotar evaluándome, desahogándome o
curando algunas de ellas. Encontrar una manera de transformar los dolores
en arte o permitir que otras personas se identifiquen con los suyos a través
de una misma obra.
Victoria Naranjo
Estudiante del Programa Técnica Profesional en
Producción de Objetos para las Prácticas Visuales

